Dejo una historia muy bella que encontré en la red espero y les guste.
El entusiasmo bailó secundado por
la euforia. La alegría dio tantos saltos que terminó por convencer a la duda e,
incluso a la apatía, a la que nunca le interesaba nada. Pero no todos quisieron
participar; la verdad prefirió no esconderse, para qué, si, al final, siempre
la hallaban; y la soberbia opinó que era un juego muy tonito, pero en el fondo,
lo que le molestaba es que la idea no hubiese sido suya. Y la cobardía... la
cobardía prefirió no arriesgarse. "Uno, dos, tres...", comenzó a
contar la locura.
La primera en esconderse fue la
pereza que, como siempre, se dejó caer en la primera piedra del camino. La fe
subió al cielo y la envidia se escondió tras la sombra del triunfo que con su
propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol más alto. La
generosidad casi no alcanzaba a esconderse, cada sitio que hallaba le parecía
maravilloso para alguno de sus amigos: que si un lago cristalino, ideal para la
belleza; que si una rendija de un árbol, perfecto para la timidez; que si el
vuelo de la mariposa, lo mejor para la voluptuosidad; que si una ráfaga de
viento, magnífico para la libertad. Así que terminó por ocultarse en un rayito
de sol. El egoísmo, en cambio, encontró un sitio muy bueno desde el principio;
lo encontró ventilado, cómodo... pero eso sí, sólo para él. La mentira se
escondió en el fondo de los océanos, ¡mentira! en realidad se escondió detrás
del arco iris. Y la pasión y el deseo en el centro de los volcanes. El
olvido... ¡se me olvidó dónde se escondió! pero, bueno, eso no es lo
importante.
Cuando la locura contaba 999.999,
el amor aún no había encontrado Sitio para esconderse, pues todo se encontraba
ocupado, hasta que divisó un rosal y, enternecido, decidió esconderse entre sus
flores.
"Un millón" contó la
locura, y comenzó a buscar. La primera en aparecer fue la pereza, sólo a tres
pasos de la piedra. Después escuchó a la fe discutiendo con Dios en el cielo
sobre teología. Y la pasión y el deseo los sintió en el vibrar de los volcanes.
En un descuido encontró a la envidia y, claro, pudo deducir dónde estaba el
triunfo. Al egoísmo no tuvo ni que buscarlo, él solito salió disparado desde su
escondite, que había resultado ser un nido de avispas.
De tanto caminar sintió sed y, al
acercarse al lago, descubrió a la belleza. Y con la duda resultó más fácil
todavía, pues la encontró sentada sobre una cerca sin decidir aún de qué lado
esconderse.
Así fue encontrando a todos: la
mentira detrás del arco iris, ¡mentira! si ella estaba en el fondo del océano;
y hasta el olvido, al que ya se le había olvidado que estaba jugando al
escondite. Pero, sólo el amor no aparecía por ninguna parte. La locura buscó
detrás de cada árbol, bajo cada rolluelo del planeta, en la cima de las
montañas; y, cuando estaba por darse por vencida, divisó un rosal y sus rosas,
y tomó una horquilla y comenzó a mover sus ramas. Cuando, de pronto... un doloroso
grito se escuchó, Las espinas habían herido en los ojos al amor.
La locura no sabía qué hacer para
disculparse: lloró, rogó, imploró,pidió perdón y hasta prometió ser su
Lazarillo.
Desde entonces, desde que por
primera vez se jugó al escondite en la Tierra, el amor es ciego y la locura
siempre le acompaña

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